martes, 14 de agosto de 2018

Este domingo la cocina se llena de serenatas: llega el tecladista Rubén Castro, músico de cantinas, fiestas y que lleva años integrando el programa “Serenatas de la muni”. Este programa municipal (¡único en el mundo!) desde 1999 ofrece serenatas *gratis* a personas que cumplan más de 60 años. En la mesa, las Amigas del Museo preparan sus mejores tortas, cada una con su receta especial para pasar el invierno.




martes, 31 de julio de 2018


Vuelve  a la cocina Mónica Villagrán, famosa por los budines que presenta desde hace años en la feria del Parque de Mayo. Despliega sus saberes de cocinera con una mesa llena de tartas, pasta frola, tortas y, claro, ¡budines!. En la música, sonará toda la tarde el acordeón más incansable del sudoeste bonaerense: directo de Colonia Santa María, Alberto Beier con cientos de polkas enganchadas.


lunes, 30 de julio de 2018

¡Vacaciones memerables!




El jueves pasado chicas y chicos inquietos y curiosos vinieron al museo. Algunos primero, charlaron sobre sus memes preferidos, los más graciosos, los que más ven en las redes; otros vieron de qué se trataba todo esto, de dónde vienen, cómo se hacen. Con los celulares en mano recorrieron las salas y empezaron a generar estos productos digitales (antes también hubo ensayos sobre papel).

 En cada meme cada chica y chico se apropia del museo, de su discurso, de sus objetos, de su guión, lo redirecciona para un lugar muchas veces incierto, dice quizá, lo que no se animaría a decir en otro tipo de recorrido “ay, qué aburridos son los museos”. Los memes nos dicen cosas sobre el presente que tal vez todavía no entendemos bien, pero que sin dudas fisuran y transforman la propia lógica del museo. Con esos materiales escurridizos e inestables nos gusta trabajar (¿quién puede decir cuánto tiempo más estarán circulando por la red?). En ese riesgo y transformación constante, también nos movemos.



miércoles, 25 de julio de 2018

Encuentro hechuras II



El lunes pasado, un grupo de personas de White y Villa Rosas caminó por el museo para hablar de un componente muy especial que se puede encontrar en las salas: las hechuras. Objetos únicos construidos a mano por sus amigos, familiares o por ellos mismos. Por ejemplo, una repisa y una botella pintadas o un palillo de batería transformado en soporte museográfico o pinturas sobre chapa con escenas del puerto hechas por alguien que lo habitaba. Estos objetos aparentemente dispares tienen varias cosas en común. Además de que son únicos, guardan marcas del pulso de quien los ideó. Parece un pulso decidido a inventar, a presentar parte de la vida en una obra, a veces también para no aburrirse. Pero siempre para hacer algo -bien material- contra el olvido.


Omar De Liberato habló de los objetos que construía su padre, Mariano Domingo De Liberato. Fogones con azulejos, mesas de cemento con retazos de cerámico, espejos con latas de dulce de batata y otros objetos ornamentados con formas geométricas y colores vivos, que Mariano construyó a lo largo de su vida. Si bien trabajaba en Bunge y Born reparando máquinas, estas hechuras no hablan de esa labor sino de todo lo contrario. Era en los momentos libres en los que desarrollaba toda otra lógica guiada por el disfrute: componer objetos con retazos de materiales, diseñando forma y color con su criterio de belleza. Tal vez Mariano se sentía, más que  trabajador, el hacedor de esos espacios ocio, de esos objetos únicos.



Caminando unas salas más allá, llegamos a una pequeña vitrina que guarda un palillo de batería. Fue rubricado a mano y traído al museo por Marcelo “Pelusa” Greco, que en 2009 quería dejar memoria de los eventos recientes: el primer White rock en el patio del museo, extendido a otros espacios públicos con la participación  de bandas locales. Parado junto al palillo que usaba en la banda La mula, “Pelusa” respondió a la pregunta de ¿qué tiene que ver el rock con la historia de white? y viceversa, qué del rock local está hecho de historias del puerto, las cantinas, el barrio Gardel y la experiencia particular de ser joven en los `70, en White.

 “Fui a una muestra, llevé cuadros”, podría decir el pescador Jorge Alberto Iturbide, quien al ser invitado por sus amigos a hablar sobre las hechuras de otro amigo, Ernesto Paro, se acercó trayendo bajo el brazo un cartel y un chapón pintados que guardaba en casa. Iturbide, junto a Roberto “Chapa” Orsali y Luis Leiva, recorrieron imagen por imagen las escenas portuarias ideadas por Paro, escenas del pueblo y del puerto pintadas en las década del `90: un entorno que entonces se transformaba radicalmente y que quedaría sólo fijado en estas pinturas.

Antes de volver a Villa Rosas, Omar De Liberato dejó de regalo una de sus últimas producciones: un barco construido de caracoles. Le ayuda a pensar las hechuras recorridas: No se hacen para vender ni nada. Yo por ejemplo no sé para qué lo hago… alguien viene un día y dice: “Mirá qué lindo” a esto que es mío, que lo hice despacito en casa yo. 






martes, 10 de julio de 2018

Coleccionables del musical en la cocina

 ¿Evita y Mary Poppins cantando entre las mesas? ¡Sí! Es que llegan al museo las alumnas y alumnos de la Escuela de comedia musical de Valeria Lynch (que se presentará entre las 16 y las 18 hs). Además no faltará la pastelería clásica y novedades de la cocinera Gladys Carlan, docente de la Escuela de Pastelería de la Soc. de Fomento de Bella Vista.



jueves, 5 de julio de 2018

Minuta 3

Mario Sartor encuentra la radio que tení en la década del `40 en su casa de White:

martes, 3 de julio de 2018

Domingo 8!

 Al ritmo del teclado de Rubén Castro y sus clásicos de la música popular, llega al museo la repostera más conocida del  barrio del Polo: Mirtha Domínguez. Ella preparó cientos de tortas y mesas dulces para celebraciones de sus vecinos, pero  también es recordada por sus clases de repostería en el Barrio San Miguel y Villa Helena. Llega con  tortas, tartas y los más ricos muffins preparados en su casa de Ing. White.



jueves, 28 de junio de 2018

Minuta de hoy: masitas griegas





Angélica “Chiquita” Julys creció en White junto a sus abuelos griegos, por eso aprendió el idioma y varias recetas helénicas. Hoy, en su cocina de calle Avenente, prepara los “kurambiedes” o “Kurumbieres”, masitas de manteca que cambian de nombre según la isla de Grecia de la que proviene la cocinera que la transmitió. "Chiquita" aprendió esta receta de su “iaia” (abuela) Katherina Pentakis, quien había llegado desde la isla de Xios a Argentina en 1925, movida por la crisis posterior a la guerra greco-turca.

En su casa de White, Katherina tenía siempre un frasco lleno de kurumbieres, otros con higos en almíbar, kinotos, dulce de tomate, de naranjas, bombones “locuña”. Cuando llegaba alguien de visita le ofrecía esos dulces junto a una copa de anís y café turco.

La familia de “Chiquita” está ligada a la Colectividad Helénica de Ing. White, una organización vecinal de inmigrantes griegos y sus descendientes que ya tiene más de 100 años. Este domingo vuelven a la cocina del museo con sus bailes y comidas: quien quiera experimentar con el cuerpo estas historias, busque los Kurumbieres en la mesa, que no van al faltar.

Este domingo en griego!




martes, 19 de junio de 2018

Corazón de golondrina






Rocío Lugones  llegó con la feria que despliega en el patio del museo la Biblioteca Mariano Moreno cada año, en la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino.  Armó su puesto de textiles, objetos y bordados cerca de la lancha Águila Blanca. Ahí mismo contó la relación de sus trabajos con su historia familiar, y esa fue la punta de muchas más historias:







La abuela, Anunziata Mazzella, nos esperaba días después en su casa para contar más: cómo un hilo puede empezar a coser en la Isla de Ponza, cruzar el mar y seguir cosiendo en Ing. White el mismo bordado, aunque nada siga igual.

Hija de Rosario Mazzella y Viaggio Mazzella, “Nunziata” nació en Italia en 1932, más precisamente en Punta Frontone, Isla de Ponza. “Yo soy hija, nieta y bisnieta de pescador ¡tataranieta de pescador!” dice. Y a través de sus recuerdos es posible reconstruir parte de las técnicas artesanales que iniciaron la pesca en Ing. White: lanchas a remo, herramientas construidas a mano, decisiones cotidianas ligadas a las mareas.

Sí, es posible rastrear toda una tradición de redes no sólo literales sino también familiares y vecinales, redes de organización. Modos de trabajar en grupo sobre una embarcación y, muy en particular, de trabajar en tierra: mujeres que cocinan juntas, se cuidan los hijos y se dan fuerza los días de tormenta, traspasando saberes y técnicas desde la infancia: “¡Su!¡ su! (arriba, arriba) Nunzia, que dovemo fare il pane!!” 40 kilos de harina para hacer ese pan, después cocinar con leña en una olla de hierro fundido, con cada carneada preparar el sanguinaccio o dulce de sangre, otro día sentarse a confeccionar el ajuar como capital que se acumula lento.





Vinieron a Argentina porque su papá, sobreviviente de la segunda guerra mundial (gracias a un apendicitis, que lo hizo salir del crucero Bartolomeo Colleoni justo antes de que fuera bombardeado) no esperó a que se confirmen los rumores de una posible tercera guerra y se vino  a Ing. White. Aquí ya estaba sus hermanos, con quienes trabajó años en la pesca hasta lograr que migraran su mujer e hijos en 1950.

Nunziata tenía entonces 18 años y no muchas ganas de dejar su tierra, su casa y sus amigos. Años después se casaría con Aniello Iacono, también poncés y pescador en la lancha Buona María. Los primeros tiempos en Ing. White no fueron fáciles: “Yo lloraba…”, cuenta “…cuando no me salía el castellano”. Lo aprendió escuchando, en silencio, y preguntando después a sus parientes por el significado de las palabras que había memorizado. Relaciona los avances de ese aprendizaje con el trabajo en su negocio, un superkiosco que abrió a fines de la década del ´70 en la parte delantera de la casa. Ese espacio de interacción en la vida pública fue también el ámbito por el que muchas vecinas y vecinos la recuerdan. Como recuerdan también los pastelitos de membrillo que vendía -algunos dicen que eran los más ricos del pueblo- preparados mientras cantaba un stornello.














(Gracias a Rocío Lugones por las fotos)
La historia del puerto de Ing. White está tramada con la de cientos de inmigrantes croatas, su lengua, su trabajo, sus comidas y cantos. Por eso este domingo el Centro Croata de Bahía Blanca prepara una mesa con dobos torta, krem pita y savijaka.  Además, abre el micrófono para cantar canciones, contar historias y recetas que forman parte de su historia en movimiento. ¡Te esperamos!



jueves, 31 de mayo de 2018

Boya 70 #6


Desde hace años en los ciclos realizados en la Cocina del Museo se trata de visibilizar, incluso en retrospectiva, el valor del trabajo de muchas mujeres en la dinámica de un puerto, que histórica y deliberadamente ha sido pasado por alto. Pero no sólo eso. También -con las tensiones y contradicciones que implica- se propone pensar el trabajo en la cocina como una labor creativa, imaginativa; reconocer ahí conocimientos muy específicos, no sólo de física y química en una preparación culinaria, sino también de economía (dónde encontrar los mejores precios, materiales, calcular costos), de adaptación (cómo transmitir y apropiarse de recetas inmigrantes, hoy), de invención y estilo (¿no es  todo un arte la terminación de una torta?).


Aun así, la pregunta por el rol de las mujeres en el espacio productivo portuario, en la vida social, cultural y política de la comunidad, aun debe ser profundizada, problematizada, llevada más a fondo. Para empezar, hoy presentamos este nuevo número de Boya 70 con distintas miradas sobre las trabajadoras. Participan Mercedes D´alessandro, María Belén Bertoni y Graciela Hernández, colectivo Latefem, Fernanda Laguna, Archivo de la Memoria Trans. 

https://boya70.wordpress.com/



martes, 29 de mayo de 2018

Este domingo la cocinera Fabiana Barraza, del barrio Los Chañares, llena la mesa de lemon pie, selva, tartas... ¡hasta alfajorcitos! Y el tacladista Rubén Castro abre un concierto con tango, melódico, ritmos tropicales y clásicos a pedido, sólo tiene que animarse quien quiera  cantar.




martes, 15 de mayo de 2018

Este domingo suenan panderetas y panderos entre las mesas: es que llega el grupo de folklore gallego Lua Nova, con temas del nuevo cancionero popular de Galicia y marcadas influencias celtas. En la mesa, la repostera Fabiana Barraza presenta tortas, tartas frutales y alfajorcitos cocinados en el barrio Los Chañares.




martes, 8 de mayo de 2018

El próximo domingo el Centro Andaluz de Bahía Blanca prepara una mesa especial, con torta de naranja, sanguchitos de jamón, mantecadas y churros ¡memoria viva de la inmigración! No pudieron viajar de un país a otro monumentos como la Giralda o la Alhambra, pero sí saberes de cocina de varias generaciones, recetas que se trasmitieron y adaptaron, haciendo presente la densidad de la historia sobre el mantel. ¡No te lo pierdas! Vení a activar el pasado con todo el cuerpo, ¡también con monumentales canciones del Coro Andaluz, bailes y abanicos!


miércoles, 25 de abril de 2018

¡Guaite... eppur si muove!


Durante el verano nuestros vecinos de Ferrowhite Museo Taller nos enviaron un link con un texto complejo, prolífico y bello. Se trataba de GUAITE… EPPUR SI MUOVE, libro digital del vecino whitense, amante del tango y ex ferroviario  Florentino “Tino” Diez. 

El texto de Tino es una obra que recopila múltiples fuentes. Anécdotas personales, testimonios de vecinos, vecinas, amigos, actas de instituciones, diarios, entrevistas, textos de museos. Pero además, indaga en Wikipedia, portales web, diarios digitales. Todos estos materiales se reúnen con un afán totalizador: el texto aborda la historia de Ing. White, sí, tratando de hablar de todo. Tino arma un texto como una hechura: mezcla y combina materiales diversos, los ordena, los reescribe y diseña, eligiendo imágenes, administrando espacios y tipos de letra que le resultan apropiados. Lo que hace es inventar el soporte para la extensa historia que desea contar, donde son centrales sus memorias y afectos.

Este es un ejercicio que a su vez que Tino lleva adelante en su blog Tangomías hace muchos años. Además escribe poemas, publica en revistas especializadas de tango en California, hace columnas en medios locales, lleva adelante y colabora con programas radiales. Florentino tiene la vocación de hablar, de comunicar, de transmitir un momento de su historia personal y la de White. Frente a los cambios acelerados de los últimos tiempos, Tino pone en valor su infancia y juventud en el que la vida social, afectos y amigos, se traman con el Estado de Bienestar.
Ayer se acercó al Museo, venía a encontrarse con una versión en papel de su texto, compilado en varios tomos por el equipo del Museo del Puerto. Allí nos contó más detalles acerca de la escritura del libro: lo empezó por pedido de su amigo Luis Carbonara. El fotógrafo whitense le dijo que alguien tenía que escribir las vivencias compartidas, la historia del pueblo. Ese pedido fraternal  y ese gesto de afectividad recorre toda la obra. Pero además el libro cumple una función reparadora para el mismo Tino: en el año 1996 fue despedido de su trabajo de años con el cierre del Banco Coopesur, según cuenta, en ese momento bloqueó de su mente personas y recuerdos, tuvo necesariamente que cortar gran parte del pasado “para no caer en la depresión”. Pero poco a poco empezó a escribir, ejercitar una memoria guardada, recuperar imágenes, caras, olores y datos del pasado que lo unía a otras personas de la comunidad.

Un dato no menor es la capacidad de Tino de adaptarse a los recursos del presente. Desde que tipeaba con una Olivetti en el banco a administrar un blog o editar un archivo PDF, siempre tuvo curiosidad y atención por entender las nuevas tecnologías. Aparecen también ahí sus nietos que lo ayudan, lo asesoran, le pasan sus archivos de un formato a otro.
El libro de Tino encuadernado por el equipo del museo estará disponible a partir de hoy en nuestra biblioteca, para ser hojeado, disfrutado, usado como fuente de consulta. Además se le puede pedir a Tino una versión digital –que está en permanente construcción, porque agrega datos, incluso a pedido- a este correo: tangomias@yahoo.com.ar

martes, 24 de abril de 2018

Polkas del sudoeste


Llega Alberto Beier con su acordeón lleno de polkas, pasodobles y otros ritmos de Santa María, colonia de inmigrantes alemanes del Volga que forma parte de su experiencia vital. En la mesa, las tortas, tartas y alfajorcitos de la vecina de Ing. White Liliana Villalba, para acompañar el chocolate más rico del mundo.




miércoles, 18 de abril de 2018

Primera mesa

Presenta una mesa por primera vez en el museo Maira Alvarez, vecina de White conocida como “la chica del cotillón” (y por sus riquísimas tortas). Sus saberes combinan la mano dulcera de su abuela paterna con horas mirando el canal de utilísima y todo lo aprendido en la carrera de cocina del Instituto IGA.  Además, llega el grupo Agua Destilda, con cumbias y cuartetos que ponen a bailar comensales ¡No se lo pierdan!


lunes, 16 de abril de 2018

Ya están los ingredientes, ahora ¡a cocinar!

Este año, el Museo del Puerto vuelve a pensar los modos posibles de conocer este territorio.
Por eso, el área educativa armó una serie de propuestas que se
desprenden de un eje central: ¿Cómo se cocina un puerto?



















Pensadas y diseñadas para cada nivel educativo, con materiales didácticos para
trabajar;  cada niño, niña,  joven y adulto con la mirada atenta de un/a cocinero/a, podrá explorar los espacios del museo, buscando materiales y procesos que le permitan problematizar la construcción histórica del puerto, así como impulsar la imaginación para construir, de manera colectiva, una receta (posible) para cocinar un puerto.

Es que en el Museo del Puerto, hay una cocina.



¿Se podría pensar la historia de una comunidad, de un puerto, de un país, sin tener en cuenta sus cocinas? ¿Sin poner atención en las personas (sobre todo mujeres) que han preparado, inventado, imaginado, las comidas que día a día hace que trabajadores y trabajadoras, gerentes, funcionarios políticos, muevan sus cuerpos, y sus cabezas, tengan energía y hagan funcionar las cosas?



La cocina es el combustible de la historia. Por eso es el lugar donde empieza y termina todo o, al menos, cada visita al museo, por un momento.