miércoles, 10 de noviembre de 2010

De la lancha al almacén

Hoy, como tantas veces en los últimos años, pasó por el museo Juan Carlos Bevans, hijo del estibador Reinaldo Bevans e integrante del Centro Pugliese. Vino a donar una foto enmarcada de su tío, Umberto “Umbertino” Mazzella, nacido en la isla italiana de Ponza (de donde vinieron muchos pescadores) en 1907 y arribado a White a los 17 años. Como cualquiera que ejercía el oficio, sabía en qué momento había que tirar las redes, de acuerdo al movimiento de las mareas. Pero no todos tenían, según contó Bevans, la misma generosidad para indicar, por ejemplo, cuáles eran los mejores sitios de pesca o cómo debía tejerse correctamente una red. Todo lo que sabía lo enseñaba. Fue patrón de las lanchas de Francisco di Meglio y luego dueño de la Norteamérica. Cuando dejó de embarcarse, siguió tejiendo redes junto a Beniamino Mazzella.


Los saberes que Umbertino supo aprender y enseñar en su trabajo de pescador, se volvieron útiles también a la hora de tejer bolsas de almacén, que regalaba a familiares y amigos. Es decir: el mundo del trabajo y la vida doméstica están estrechamente vinculados. Una de esas bolsas es la que usa su sobrino Juan Carlos todos los días para hacer las compras: La volví a usar cuando en los supermercados empezaron a vender las bolsas ecológicas. Unos cuantos conocidos las tienen también.

1 comentario:

María Luján Dolabarás dijo...

Del patio de casa en la calle Sisco, me queda la imagen del nonno a la sombra de la higuera y el parral, en su sillón de caña, tejiendo redes o sus bolsitas. Era mi tío abuelo, pero con mi hermano Francisco, le decíamos nonno, ya que no teníamos a nuestros abuelos y el supo cumplir ese rol.
Con él aprendí cosas que ya no se ven, como a limpiar pescado, desplumar unas palomas para comerlas asadas... (si, palomas... deliciosas!)hasta a "intentar" tocar la armónica. Siempre tocaba y cantaba Oh Mari y Torna a Surriento.
También recuerdo la gente que venía a verlo para que les "curase las verrugas". Es que el nonno era "medio-brujo", según decían sus amigos gringos, cuando era chico, se le metió un duende adentro mientras tomaba agua de un arroyo, y por éso podía predecir dónde habría buena pesca y, al parecer, también curar.