lunes, 27 de diciembre de 2010

Mano de obra barata

La persistencia en reafirmar, con cierto énfasis además, la versión de que el rostro del monumento al inmigrante, emplazado en la plaza de la locomotora en Ing. White desde el año 1972, es la real imagen de su abuelo Rafael, le ha permitido a Miguel Ángel Lomolino* poner sobre la fija conmemoración del bronce un nombre y una historia particular.
Más acá, menos ultramarina y algo más anónima, la lengua también ha fijado algunos términos: indocumentado, ilegal, informal, desplazado, golondrina, maquila, entre tantos más, dejan comprender la razón migratoria como parte de los flujos del capital sobre el que el Estado hace fluctuar políticas de atención o exclusión.
Valga por cierto una paradoja: quienes impulsan las doctrinas del libre mercado y la circulación sin fronteras de las mercancías son, al mismo tiempo, restrictivos con el tránsito de los que buscan trabajar.
En todo caso hoy, ante la dinámica migratoria como un fenómeno vigente, cabría preguntarse desde qué porciones de aquel monumento es posible evocar también la discriminación o la fobia o el racismo.

* M.A. Lomolino. Trabajó en la Junta Nacional de Granos desde 1971 a 1993 y, luego que se privatizó, se hizo taxifletero. En uno de los viajes que hizo para el museo dejó la foto de su abuelo recién llegado a White que, supuestamente, sirvió como modelo para la escultura.

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