miércoles, 27 de abril de 2011

112 pasos

El Mosconi como punto de encuentro, pasar por el Hospitalito y seguir rumbo a la calle San Martín que “separa” la zona urbana de la industrial, era lo que estaba previsto en el itinerario diseñado por los chicos y que, no obstante, hubo que modificar, ajustar en la práctica misma.
Guiaban la caminata preguntas como: ¿Hay límites entre el barrio y el Polo? ¿Cuáles? ¿Se ven? ¿Se escuchan? ¿Se tocan? ¿Se leen? ¿Quiénes estaban primero los operarios petroquímicos o los vecinos? ¿Qué distancia los separa?
El grupo, plano en mano, iba prestando atención a lo que ofrecía la experiencia de andar, de moverse, de indagar el propio espacio con preguntas nuevas.

Contundentes marcas de neumáticos quemados sobre el asfalto durante los piquetes del 2000, un tanque oxidado en el que se podía leer Induclor (referencia a la época en que el Estado era accionista mayoritario del Polo), los decibelímetros que estaban colocando unos operarios en la entrada de una de las empresas, el relato de Franco respecto al ruido nocturno que interrumpió su sueño al meterse en su dormitorio, los 112 pasos que separan su casa del Polo, el cartel viejo en el frente de la escuela 58 con la sigla AIQBB , las botellas de PVC que arman una suerte de cerco en el jardín del barrio; estos fueron algunos de los elementos con los que se trabajó luego en el Aula-Cocina del museo.


El ejercicio de ver y pensar, articular los elementos recolectados al caminar dejó ideas, más preguntas y algunas conclusiones. Y, ¡hay plástico en todos lados! comentó Nico o No, límites no, si pasan los camiones que van para allá todos los días por la puerta de mi casa, contó Franco, mientras Oriana y Juan Cruz opinaban que No, ningún límite hay. Quizás lo más contundente fue poder ubicar que el Polo no es naturaleza aunque esté lleno de plantas, sino que se inscribe claramente en la historia, en la que hacen los hombres todos los días, en la que se puede intervenir para transformarla y vivir mejor. Podemos exigir mayor control a las empresas y que tomen más gente del barrio, ¿no? concluyó Cristian.

Después del taller y antes de las pizzas estadísticas, las reflexiones de los participantes llenaron la mesa-pizarrón.

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