martes, 19 de julio de 2011

Mirar al museo desde afuera

El viernes 15 y el sábado 16, un grupo integrado por funcionarios del área cultural de Quilmes, Morón y Olavarría participó de distintas actividades que permitieron pensar en qué consiste y cómo se hace un museo comunitario.

Un remache sobre un durmiente en el que se lee “FCS”, el relato de un ex trabajador de la Junta Nacional de Granos señalando la galería de embarque del que fuera el elevador más moderno de Sudamérica o un pescante utilizado por una cerealera multinacional para cargar las bodegas de un buque turco. Esto y mucho más incluyó la caminata por el puerto, en la cual la historia y el presente suponen, necesariamente, un cuerpo y una cabeza que se ponen en movimiento y prestan atención al espacio que hacemos todos los días (aunque no con la misma jerarquía).

Una picada preparada por Cristina Leiva y Graciela Discioscia, cocineras de las cantinitas, y una de ellas integrantes de una familia de pescadores artesanales, fue el momento adecuado para relatar el método de trabajo de la Cocina, que incluye la participación decisiva de la Asociación de Amigos. Articular con una asociación de vecinos no equivale a una relación armónica ni homogénea: la palabra comunidad oculta tensiones y disputas que, en definitiva, forman parte de cualquier historia.

Pero un museo comunitario que es, a la vez, una institución pública sitúa el método de trabajo y a quienes lo llevan adelante, en un espacio particular: el Estado. De esto se habló (y mucho) en dos días intensos en los que, en definitiva, se hizo, se pensó y se debatió en un espacio público.

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