miércoles, 9 de noviembre de 2011

Alegría y organización

Las Primeras Jornadas de Museología Comunitaria que se realizaron en el museo, implicaron pensar y debatir, pero también participar de prácticas concretas en las que intervinieron trabajadores y vecinos.

Pensar la comunidad en su heterogeneidad y en su carácter de construcción permanente, considerar la articulación de los saberes necesarios para definir de ese modo un museo, y reconocer el indefectible posicionamiento político: cada una de esas reflexiones no pueden hacerse al margen de la acción concreta.

Es por eso que debatir implicó caminar por el límite entre el pueblo y el puerto tomando, por ejemplo, una palmera como objeto de indagación histórica, charlar con Raúl “Mumi” Alonso, ex trabajador de la Junta Nacional de Granos, y con Daniel Aversano, empresario del amarre, acerca de los cambios en el trabajo portuario, distinguir las diversas prácticas que involucra un patio a partir de la charla con la vecina del Saladero "Katty" Aponte, quien trabaja en el Paseo de los Bidones.

Y como hacer implica un cuerpo que hace, para recuperar energías entre las distintas actividades, las pizzas de Paola Marino, hija de la cocinera e integrante de la Asociación de Amigos “Chacha” Marino y los tallarines con albóndigas de pescado que prepararon Graciela Disciosia y Cristina Leiva, cocineras de las Cantinitas del Puerto, fueron parte indisociable de las jornadas.

Como primera propuesta para seguir construyendo este espacio entre museos, se planteó armar una red virtual en la que se compartan lecturas útiles para armar un museo comunitario.

A lo largo de estos años, el Museo del Puerto construyó un método a partir del ejercicio constante de la práctica y la reflexión, un método que redefine el concepto mismo de museo. Que privilegia su intervención crítica sobre el presente y piensa constantemente los modos de cumplir una función social, incluyendo las tensiones que esa función supone.

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