jueves, 24 de noviembre de 2011

Un mapa para secar los platos

El repasador de María Buono es un mapa. Lo trajo de regalo su prima Ana Mazzella cuando viajó a Italia hace tres años. Muestra un lugar que María nunca visitó pero que forma parte de su historia de vida: la Isla de Ischia, de ahí vinieron sus padres, Rossina Mazzella y Joaquín Buono, en 1934.

En mi casa prácticamente no se usaban repasadores. Como todas las telas eran de algodón, cuando la camiseta se ponía vieja se lavaba, se planchaba y se usaba eso. Ya en el `45 mi mamá empezaba a usar repasadores, pero cuando recién llegaron de Italia no, te imaginás que cuando vos venís de un mundo a otro... Si, ella trajo la dote, pero traía sábanas, toallas…

miércoles, 23 de noviembre de 2011

San Silverio en la Cocina (y en los oídos)

Clases


¿El repasador? Es mi compañero. Siempre le doy utilidad hasta el final. Es mi compañero cuando yo entro en la cocina.

Lidia Beato (Villa Serra, 1951) empezó a trabajar a los 10 años. Hacía la limpieza en la casa del doctor Grosso de Bahía Blanca: Me enseñaban a lavar la escalera que era de mármol, el barral que había que lavarlo todo con virulana y jabón en polvo, refregarlo, refregarlo y después se enjuagaba con agua caliente y se secaba, y quedaba brilloso.

Los repasadores en la casa donde trabajaba eran de toalla: Tenían una blancura impresionante. Ella los lavaba con jabón en pan blanco y los ponía al sol.

En su casa estaban hechos con bolsas de harina de la panadería Sclavi: Me acuerdo que mi mamá ponía los que estaban bordados con puntillita arriba de centro de mesa, con una radio de nácar blanca, escuchábamos la novela ahí.

martes, 22 de noviembre de 2011

El patio en un repasador


Antonina "Katty" Aponte (Pirané, Formosa, 1958) mejora todas las mañanas el patio del museo, transplantando gajitos y preparando macetas con objetos en desuso. El repasador que trajo también estaba florecido.

Lo traje de Formosa como hace 5 o 6 años. Lo traje más bien para recordar, porque yo traigo cosas de allá para retocar un poquitito el corazón ¿viste? Fui con mi mamá y lo compré, en Alberdi, del otro lado, cruzando el río, vendría a ser parte del Paraguay. Es una isla donde se compran cosas super baratas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un proyecto

Queremos empezar nosotros a proyectar nuestro futuro. Se planteó un proyecto de reconversión de flota, de 6 lanchas y 40 canoas. Innovar el parque de canoas que hoy es obsoleto, que no nos deja ir ni a más distancia ni a otras zonas de pesca, por falta de autonomía y falta de seguridad. Las lanchas se reconvierten en barcos para poder ir más afuera. El otro proyecto es la recuperación de riacho Azul, una zona histórica de pesca que fue perdida por una demanda de un consorcio hotelero de San Blas. El otro tema es las jubilaciones, tenemos 39 compañeros en condiciones de jubilarse, estamos buscando algún régimen especial, para que esa gente pueda ser retirada de la pesca. Son cuatro patas el proyecto. El tema es que tenemos incompatibilidad entre un polo industrial y un polo pesquero…

En el marco de la emergencia pesquera y en plena crisis del reclamo sectorial (que incluyó una represión policial en diciembre de 2009), el gobierno de la provincia, según propuesta de la Cámara de Pescadores Artesanales de Ing. White, comenzó a trabajar en el mejoramiento de las condiciones de vida de los pescadores. Eduardo Defilippis, quien falleció en un accidente de tránsito rumbo a La Plata en la continuación de esas gestiones, detallaba al museo en diciembre de 2010 las bases de ese proyecto.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Alegría y organización

Las Primeras Jornadas de Museología Comunitaria que se realizaron en el museo, implicaron pensar y debatir, pero también participar de prácticas concretas en las que intervinieron trabajadores y vecinos.

Pensar la comunidad en su heterogeneidad y en su carácter de construcción permanente, considerar la articulación de los saberes necesarios para definir de ese modo un museo, y reconocer el indefectible posicionamiento político: cada una de esas reflexiones no pueden hacerse al margen de la acción concreta.

Es por eso que debatir implicó caminar por el límite entre el pueblo y el puerto tomando, por ejemplo, una palmera como objeto de indagación histórica, charlar con Raúl “Mumi” Alonso, ex trabajador de la Junta Nacional de Granos, y con Daniel Aversano, empresario del amarre, acerca de los cambios en el trabajo portuario, distinguir las diversas prácticas que involucra un patio a partir de la charla con la vecina del Saladero "Katty" Aponte, quien trabaja en el Paseo de los Bidones.

Y como hacer implica un cuerpo que hace, para recuperar energías entre las distintas actividades, las pizzas de Paola Marino, hija de la cocinera e integrante de la Asociación de Amigos “Chacha” Marino y los tallarines con albóndigas de pescado que prepararon Graciela Disciosia y Cristina Leiva, cocineras de las Cantinitas del Puerto, fueron parte indisociable de las jornadas.

Como primera propuesta para seguir construyendo este espacio entre museos, se planteó armar una red virtual en la que se compartan lecturas útiles para armar un museo comunitario.

A lo largo de estos años, el Museo del Puerto construyó un método a partir del ejercicio constante de la práctica y la reflexión, un método que redefine el concepto mismo de museo. Que privilegia su intervención crítica sobre el presente y piensa constantemente los modos de cumplir una función social, incluyendo las tensiones que esa función supone.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Pensar un museo comunitario escuchando el acordeón

Para saber cómo se hace un museo comunitario hay que venir a White…

Este fin de semana más de 20 trabajadores de museos, estudiantes y docentes de museología de Buenos Aires y La Plata vendrán a compartir experiencias en torno a cómo se hace y cómo tiene que funcionar un museo comunitario. El grupo está coordinado por Alicia Sarno, profesora de las cátedras de Museología I, Museografía I y Museografía II de la Carrera de Museología del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 8 de La Plata.


Desde el Museo del Puerto preparamos un intenso programa de hacer y pensar que incluirá caminar sobre el límite entre el pueblo y el puerto, escuchar a un amarrador, agarrar del piso un pelet de girasol o una semilla de avena, discutir marcos teóricos, trasplantar un gajito, comer y estudiar detenidamente un repasador. Porque para pensar un museo comunitario, no existe la reflexión fuera de la práctica concreta.

martes, 1 de noviembre de 2011

La historia hace bien

Este domingo, el museo participó, junto a otras instituciones whitenses, de una tarde de Arte y Salud Mental coordinada por la Residencia en Psicología Comunitaria del Hospitalito.

Cerca de las 3, la Plaza Roberto Achával se llenó de puestos de vecinos que hacen diversas artesanías en instituciones como la Asociación Helénica, el Centro de Jubilados, el Jardín de Infantes nº 905, las Sociedades de Fomento de White, Bulevar y Saladero, la Casa del Niño, la Siempre Verde, la Cooperadora del Hospital y la Feria de Microemprendedores. También estuvieron presentes, por supuesto, las chicas que integran el Taller de Revista del Hospitalito, que este año se lleva a cabo en la Cocina del Museo.

Después de la presentación de la murga “Los alegres del patiecito”, chicos, mamás y papás se concentraron en la base de hormigón que hace más de cien años fue cimiento de la primerísima usina del Ferrocarril Sud, y que ahora es un espacio de recreación para los whitenses. Mirar el suelo que se pisaba en ese momento fue una buena preparación para salir a caminar, y a reconocer la historia ahí, en el piso.

Luego del recorrido, los chicos se pusieron a dibujar postales del puerto que dieran cuenta de lo que habían visto, olido, escuchado. Lucio, por ejemplo, dibujó la lancha pesquera que su abuelo obtuvo a partir del plan de reconversión, “Siempre Afuera I”. Emanuel, se concentró en la cinta transportadora de una aceitera multinacional. Yeniffer recreó un diálogo entre dos marineros a bordo de un buque pesquero en el que flamea la bandera argentina.

Caminar por el límite entre el puerto y el pueblo implica reconocer un ruido o un olor desde una experiencia más compleja. Saber que un olor da cuenta de un complejo productivo que se instaló en cierto momento de la historia, en definitiva, pasar del miedo a una explosión a la pregunta, puede ayudar a estar mejor. Y cuando caminar supone caminar con otros, cuando pensar caminando es una más de tantas actividades organizadas por instituciones comunitarias, la salud se hace entre todos.