viernes, 30 de diciembre de 2011

Peluquera + maestra + historiadora + vecina = enfermera de unidad sanitaria

Iris Mónica Palacio (Mendoza, 1962) trabaja como enfermera en la unidad sanitaria de Villa Bordeu desde 1992. Ayer contaba que, cuando empezó a trabajar, muchas mamás me decían: ‘Yo tengo hasta tercero, cuarto grado; yo no lo puedo ayudar a mi hijo’. Entonces venían los chicos, hacíamos divisiones, multiplicaciones. Una amiga peluquera me enseñó a cortarle el pelo a los chicos; eso también lo hacíamos en la unidad sanitaria. En 1999, Mónica hizo un curso de “animación de tareas comunitarias” organizado por la Federación de Sociedades de Fomento, y como trabajo final le pidieron que investigue la historia de su barrio. Ahí me entusiasmé. Me agarró el ataque de historiadora. Se puso a buscar documentos, contactar investigadores y entrevistar vecinos para reconstruir la historia del barrio en el que, detrás del “brillo” de la exposición rural, habrá que ver el trabajo de jornaleros que viven en el barrio, carnean chanchos y gallinas y, claro, se accidentan: los cortes de cuchillo son las urgencias mayores que tiene la unidad sanitaria. Mónica también forma parte de la Sociedad de Fomento del barrio, que años atrás organizó ferias de ropa, bingos y otras actividades comunitarias para financiar el arreglo o la compra de algunos implementos necesarios para la unidad sanitaria.

¿Cuáles son los contornos precisos, la especificidad del oficio de enfermera en la unidad sanitaria? ¿Qué pasa cuando, la enfermera, además es vecina y fomentista? ¿Todas esas actividades deberían quedar afuera de la “técnica” o de la “profesión”? Igual que los límites del barrio con la ciudad y con el “campo”, los contornos del oficio se vuelven difusos desde el principio. Habrá entonces que revisar, cuando de Atención Primaria se trata, los alcances del concepto.
Una enfermera de unidad sanitaria es mucho más que una “enfermera”.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Vecinos whitenses hablan de la crisis del 2001 en la TV Pública

La TV Pública proyectará este domingo 18 a las 23.00 hs un documental en el cual trabajadores y vecinos de Ing. White convocados por el Museo del Puerto, cuentan como se vivió la crisis de 2001 desde uno de los puertos cerealeros y petroquímicos más importantes del país.

En el documental el flamante director del Instituto Cultural de Bahía Blanca Sergio Raimondi planteará que la crisis y su percepción por parte de los vecinos whitenses se dio en el año 2000, adviertiendo la necesidad de pensar ese momento crítico desde una escala que no se limite sólo al ámbito de la Capital Federal.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La salita como termómetro

A partir de la iniciativa de Dora Gigena, una enfermera que quería que el Estado reconociera a su referente laboral, Haydeé la “Negra” Peralta, en el 50º aniversario del Hospitalito de White, el Museo del Puerto comenzó a indagar la historia y el presente de la Atención Primaria de la Salud en Bahía Blanca.

Luego del homenaje a enfermeras que habían cumplido 25 años de servicio, realizado por la Secretaría de Salud del municipio, el Museo empezó a entrevistar enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos y médicos que trabajan en el primer nivel de atención sanitaria. En total, se hicieron más de 30 entrevistas y un registro visual de más de 10 unidades sanitarias de la ciudad.

En agosto, y para compartir los primeros resultados del proyecto, se llevó a cabo un encuentro con trabajadores de la salud en la Cocina del Museo. Allí se consideraron colectivamente cuatro aspectos: la particularidad del trabajo de la enfermera en la unidad sanitaria, la herramienta fundamental con la que debe contar, la relación entre la unidad sanitaria y el barrio del cual forma parte y también la posibilidad de reconocer el impacto de las políticas públicas en el trabajo de Atención Primaria.

Finalmente, en la fiesta de APS realizada el miércoles pasado, se presentó el video “La salita como termómetro”, que da cuenta del intenso trabajo de indagación, que fue posible gracias a la participación activa de los trabajadores del área, no solo como informantes, sino como constructores de su propio relato histórico.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El Museo del Puerto es un Punto de Cultura

Desde ahora el museo integra una red nacional de puntos de cultura, compuesta por diversos proyectos que a lo largo del país tienen fuerte trabajo territorial y comunitario. El trabajo de construir comunidad en White, ahora se articula con los que lo hacen por ejemplo en La Escuela de la “Familia Agrícola” de Corrientes, en el Movimiento Social Para Todos, Todo de José C. Paz o el Movimiento Campesino de Córdoba.

El programa “Puntos de Cultura” está destinado a fortalecer, articular e interconectar a través del Estado Nacional diversos proyectos culturales que desarrollan un fuerte trabajo de inserción territorial. Desde ese lugar, la cultura es considerada “un instrumento fundamental para el desarrollo de un país con inclusión social, como transformadora de la realidad, y como potenciadota de la diversidad de expresiones”. El programa toma como modelo la experiencia de Puntos de Cultura de Brasil, y además, comienza a implementarse en Perú y Paraguay, con el objetivo de formar una red cultural latinoamericana.
La inclusión en el programa implica un subsidio de $40000, una PC y una cámara digital, para el desarrollo del proyecto anual 2012.

Para el museo esta es una gran noticia y un fuerte incentivo que nos compromete a seguir trabajando y construyendo con alegría…

Para saber algo más del programa, click acá



martes, 6 de diciembre de 2011

El repasador como documento

El sábado, en una nueva edición de la Noche de los Museos, cocineras, trabajadores, docentes y vecinos de White y Bahía Blanca se acercaron a la Cocina del Museo a mirar los repasadores que habían traído durante el año. En un tendal con más de cien repasadores era posible reconocer una historia personal o familiar tramada con transformaciones económicas que incluyen a muchos más.


Por ejemplo, un repasador hecho por Emilia Paynefil a partir de una bolsa de yerba da cuenta de los modos de consumo previos al supermercado, y también del trabajo de darle otro valor de uso a un material que aparentemente ha quedado obsoleto. En uno que la docente Nancy Clementis bordó en la escuela para su mamá es posible “leer” un momento determinado en el plan escolar. A veces, un repasador cuenta una historia de amor: por ejemplo, María Gabriela Rodríguez le regaló un repasador-calendario a su pareja, Raúl Machado, en 2007. Otras, concentra un relato inmigratorio, como los que trajo Armando Russo de Portugal. Un repasador en el cual se lee la marca “Avon” permite considerar los micro-emprendimientos laborales que organizaron a muchas mujeres en épocas de flexibilización laboral. También es significativo detenerse en las etiquetas que dicen “Made In Brazil”: ¿no es posible evaluar a partir de ellas las relaciones comerciales con el país vecino?



Estos ejemplos dejan ver que el repasador puede ser un objeto privilegiado de indagación histórica, porque articula ciertos vínculos sociales que llegan, en última instancia, a los cambios económicos y políticos de las últimas décadas. Pero claro, también tiene un uso concreto y fundamental en la cocina: “Sin repasador no se puede cocinar” afirma, tajante, “Chacha” Marino. Algunas cocineras dicen que sin música, tampoco: un chamamé, una cumbia, una polka. Eso fue un poco de lo que se escuchó el sábado con Los Beier, Los Greco y Te Va Piola. En un vals que vino del Volga, la historia familiar se trama con el relato de millones de hombres y mujeres que vinieron en busca de trabajo. Sí, justo como en un repasador.