martes, 26 de junio de 2012

YPF fue el único laburo en el que me quería quedar,

contaba Miguel Ángel “Tula” Melcon en la Cocina del museo,  preparándose para el taller de mañana con los chicos del Mosconi. “Tula” trabajó como chofer de colectivos en la empresa González, compró un camión y hasta trabajó en La Nueva Provincia, como chofer de la dueña del diario. Sin embargo, el trabajo con el cual se siente más identificado es, precisamente, el de YPF: Yo entré a YPF por mi viejo, que laburó toda la vida ahí. El primer televisor de White fue el nuestro, lo trajimos de Buenos Aires, era buenísimo. Como antes un maquinista era un “buen partido”, bueno, un laburante de YPF también.

En la vida de Miguel, como en la de tantos miles, YPF no es solamente un trabajo; es también un modo de disfrutar del tiempo libre con la  familia; en definitiva, un modo de vida. Por eso la privatización de la empresa en 1998 no fue solamente un movimiento accionario: Mi viejo se volvió loco con la privatización. Decía: no pueden hacer eso, ¡es el combustible del país!

Ahora, catorce años después, cuando el Estado retoma el control de la principal empresa petrolera argentina, “Tula” ejercita la memoria para contarle a los chicos del Mosconi lo qué significa para él y para su familia ypefiana.

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