jueves, 6 de septiembre de 2012

S.M.



Ayer, en la Cocina del Museo, se llevó a cabo el tercer taller del ciclo “Manzana y Estado”, que desde marzo de este año viene indagando la compleja relación entre el Estado, el puerto y la industria en las últimas décadas. ¿Con quiénes? Con un grupo de estudiantes y docentes del Colegio Mosconi, que este año cumple exactamente el doble de años que el Museo: 50. ¿Qué tema se abordó esta vez? La historia del Polo Petroquímico, y en particular su creación como proyecto estatal destinado al desarrollo de la industria pesada, allá por la década de 1970. ¿Quiénes participaron? Adrián “Pigüi” Álvarez, vecino de White y operario de la planta de cloro –que forma parte de la cadena productiva de PVC- desde 1992 y Carlos Ricke, quien ingresó a la planta de CVM –el producto intermedio para la fabricación de ese plástico- en 1985. Tanto “Pigüi” como Carlos ingresaron en empresas cuyos nombres llevaban la sigla S.M. (Sociedad Mixta). Esas dos letras, escritas en la mesa-pizarrón como parte de un esquema que representaba la primera conformación del Polo, fue un buen punto de partida para empezar a reconocer que ese complejo industrial no estuvo siempre, que no forma parte de ningún paisaje pretendidamente “natural”, sino que es el producto deliberado de decisiones políticas y, claro, también de inversiones multimillonarias.


¿Qué produce el Polo? ¿Quiénes trabajan en él? Estas fueron las cuestiones principales que se plantearon los chicos del Mosconi, super-atentos a los relatos de los talleristas. Esas preguntas, que parecen inscribirse en un presente aparentemente atemporal, están cargadas de historia: Cuando empecé a trabajar en el Polo, parecía la NASA, contó Carlos, para indicar la percepción de muchos estudiantes de escuelas técnicas que, como él, veían en la industria petroquímica una fuente de trabajo apropiada para su formación. Claro: por ese entonces se leía, se escuchaba, que la ciudad, que había crecido gracias a la exportación de materias primas, finalmente había alcanzado “la era industrial”. Sin embargo, la mirada de los vecinos de White era diferente, según “Pigüi”: Para mí y para muchos de acá el Polo no tenía nada de especial. En esa época había trabajo en la Junta, en el Ferrocarril... Así como las experiencias de trabajo y de vida son distintas, también las miradas sobre la industria cambian. ¿Por qué el Polo se asociaba con el trabajo, el desarrollo y el bienestar? ¿Qué políticas concretas hacían posible esa mirada? ¿Habrán tenido algo que ver las privatizaciones en el cambio de esa percepción? Estas son algunas de las preguntas que se viene haciendo el Museo. Pero las preguntas valen cuando se hacen entre muchos: trabajadores, vecinos, estudiantes, docentes que siguen viniendo al Museo a pensar y a discutir la historia y el presente.




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