jueves, 15 de agosto de 2013

Papeles de Andrija. Un archivo como material de trabajo.


Un relato, una fotografía o un documento, antiguo o actual, nuevo o usado es un material para trabajar. En fin, cualquiera sea su apariencia, se usa: se desarma, trasforma y se vuelve a componer porque así se lo analiza, articulándolo con procesos y contextos más amplios, para interpretarlo más allá de su historia particular.

Es el caso de este pequeño papel manuscrito que se encuentra en una vitrina del museo, donde aparecen palabras como “yeso”, “viga”, “listón”, “moldura”, “buque”, “combustible”, “buje”, entre otras, primero en castellano y después en croata.

¿Quién las escribió?¿Por qué? ¿Por qué esas palabras y no otras? ¿En qué contexto particular tienen sentido?.

Las palabras forman parte del mundo de una persona; en este caso, dan cuenta del mundo de un inmigrante croata llegado a la Argentina y, posiblemente, de uno de sus primeros entornos: el espacio de trabajo.

El papel  tiene la firma de Andrija Domijan, un croata que llegó a Ing. White a principios de siglo y desde 1912 trabajó en la empresa inglesa Ferrocarril del Sud. Andrija (o Andrés Domian, como fue traducido al castellano por la misma empresa), trabajó como albañil construyendo parte del tendido de vías férreas que comunicaban distantes regiones del país, como el interior de la Pampa agrícola y el puerto de White.

Así, el “yeso”, la “viga” o el “listón” pasaron a ser parte del entorno cotidiano de Andrija, pero además, fueron los materiales concretos sobre los cuales se asentó el modelo agroexportador que insertaba a la Argentina en el comercio internacional a principios de siglo XX.

El acto de sentarse a escribir una lista de palabras en lápiz, renglón por renglón, para incorporar el nuevo y ajeno idioma, estaba ligado a su trabajo diario de preparar hormigón armado.

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