viernes, 25 de abril de 2014

El mundo en una botella

El fin de semana pasado el museo se llenó de visitantes. Sí: el movimiento que genera la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino se ve en la enorme cantidad de personas que circula en los espacios públicos. Y no sólo se puede ver, sino también oler: el olor a pescado frito, distintivo de esa fiesta popular, inunda las salas durante cuatro días.

Y en este caso, el olfato es una herramienta útil para el museo. Los cinco sentidos alerta eran necesarios para abordar la muestra 200 años / 4 objetos, que propone un recorrido por las salas para construir un espacio de aprendizaje colectivo en el que se reconozca la historia como una experiencia vital y material, que involucra todo el cuerpo.

Una botella de aguardiente, hecha de barro cocido, permite abordar el período 1828 -1885, hacerse preguntas en torno al puerto viejo, la Fortaleza Protectora Argentina y los llamados “indios amigos”. Pero también con ese objeto una visitante recordó un recurso de su infancia: usar esa misma botella rellena con agua en lugar de bolsa de agua caliente,  para poner en la cama y calentarse los pies en invierno.

También es parte de la muestra la botella actual de aceite Cocinero.  Ahí una mamá le mostraba a su hija los cambios que en 30 años ella misma había visto en el envase, la etiqueta y los modos de uso de ese elemento en la cocina.  “Antes, como era de vidrio, había que tener mucho cuidado de que no se rompa. Y la abrías así ¿ves?, agujereando la tapa con la punta de un cuchillo”.

La historia es una construcción colectiva y cotidiana. A partir de cuatro objetos puede empezar a abordarse todo lo demás que nos rodea, seguir por la taza en la que tomamos café, el celular, las zapatillas en uso.  Entender que la historia es  todo eso que está cerca, hace pensar que es posible indagarla, y transformarla. 

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