miércoles, 6 de mayo de 2015

¡Acá está, acá está!


dice Joaquín y arranca con ganas, una imagen de la pared.

Durante la semana, el museo recibe a chicos y maestros de Primaria y la propuesta educativa ¡A buscar, a imaginar! los hace trabajar.

Buscar una serie de  imágenes “semi-ocultas”  por las salas,  implica poner en juego todos los sentidos. Porque para el museo aprender implica el uso del cuerpo, por eso caminar, escuchar, tocar, mirar con atención  son formas de conocer. Pero ¿conocer qué?. En principio distintos trabajos del puerto y del pueblo de White, antes y ahora;  o más precisamente, cómo se carga un buque cerealero o para qué servía la tela arpillera.  Se trata de acercarse a la historia concreta  del entorno de los chicos (¿no es Bahía Blanca acaso una ciudad portuaria?, ¿no viven los chicos de White al lado de un puerto que a veces mucho no se deja ver?).

La escuela llama y fija una visita al museo para trabajar, en ocasiones, temas que ven en el aula. Sin embargo,  el museo genera  sus propias propuestas,  reconstruye los temas y amplia el proceso de enseñanza y aprendizaje, sirviéndose de una pala de estibador o de una red de pesca como recursos didácticos.
Joaquín entiende que en el museo puede divertirse, sorprenderse  y competir con sus compañeros, por quien  encuentra primero, la imagen en la siguiente sala. En definitiva, los chicos más que nadie, entienden que desde el juego, también se aprende.

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