lunes, 18 de septiembre de 2017

Un estudio minucioso del objeto



Hace unos días, llegaron a la Cocina del museo, alumnos de los profesorados de Nivel Inicial y Primaria de la Escuela Normal (UNS) bajo la consigna de su profesora Gabriela Andreozi, de indagar un objeto.
¿Cuáles son los objetos privilegiados para el Museo del Puerto?

Posiblemente, pueda ser uno usado (como un casco blanco), uno gastado (como una red de pesca rota), uno que se hace escuchar (la voz de trabajadores portuarios en un corte en el acceso al puerto), uno comestible (como las tortas de los domingos), uno que se huele a los lejos (el olor a asado de Gustavo) o uno recién comprado en el kiosco de la esquina (como una barrita de cereal).
Los futuros docentes agrupados, bajo los repasadores de la Cocina, miraron con lupa materiales de los archivos del museo, detectando en ellos, historias particulares y personales así como relatos mayores, económicos y políticos, de momentos históricos distintos. Todo eso plasmado sobre un gran papel almacenero.
De este modo abordamos juntos la práctica docente en los niveles  de Inicial y de Primaria, desde la materialidad de las cosas; porque claro: ahí se inscribe la historia de manera concreta. Y ese proceso conduce también a los propios docentes a pensarse como sujetos de la historia, que construyen su entorno y su ciudad todos los días (¡la materia se transforma!). En ese sentido, surgen preguntas como: ¿Por qué en Bahía no se llega a escuchar la sirena comunitaria? ¿Hasta dónde se prolonga su sonido? ¿Cuál es el límite (si es que lo hay)? ¿Quién decide hasta dónde se escucha?



No hay comentarios: