viernes, 6 de octubre de 2017

Macarrónica






Siguen los “Encuentros de escritura macarrónica” que convocan a cocineras, cocineros,  comensales y memoriosos a escribir sobre cubiertos, ollas, saberes y procesos de cocción, platos inolvidables y cocineras que forman parte de la memoria de la comunidad. Los cuadernos macarrónicos van y vienen de las mesas del  museo a las de cada casa, se va sumando el propio relato de una historia de vida escrito con lapicera, listados de colecciones o secretos que no están en una receta convencional.


Encontrarse a escribir en grupo es primero encontrarse a charlar, hacer visibles algunas experiencias en diálogo con otros. Y, de a poco, pensar juntos cómo es posible comunicarlas desde la escritura.

Hace unos días la propuesta fue escribir sobre herramientas de cocina, así que cada participante trajo un objeto fundamental de su mesada. Fundamental por lo útil, por lo querido, por la posibilidad de narrar historias que traía. Repasador, tabla de picar, plato y tapa-botellas circularon de mano y mano.

Al mismo tiempo hablamos de cómo la instancia de la experiencia personal se articulaba con la historia colectiva en ese objeto: aparecían la inmigración de principios de siglo XX, la inmigración interna de las últimas décadas, las transformaciones en el puerto, los cambios económicos resonando en la cocina. O de cómo, por ejemplo, están relacionado los saberes que implica preparar un dulce con dinámicas sociales que podemos historizar.

Pero además tratamos de inventar un poco. Imaginar qué miradas e historias oiríamos si hablara, por ejemplo, un palo de amasar. Qué percepciones nuevas nos despiertan esas herramientas de cocina, qué maneras de contar inventaríamos para hacer hablar al platito de loza que se usó en los inicios de la cantina de Stella Maris en el puerto.

Entre otros textos estamos preparando una “Epopeya (en construcción) de las comidas de White”, escrito colectivamente, cuya primera versión se dará a conocer el próximo domingo en el marco del Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca. Además, otros pequeños textos como los siguientes, que también tenemos ganas de que empiecen a circular:






En mi cocina hay una tabla
y me dice: hace 61 años que llegué
a tu cocina. Tu hermano Esteban me hizo
 en la carpintería de la Junta de Granos,
junto al palo de amasar.
Desde entonces no me has dejado
descansar, siempre en la mesada
preparada para que vos me golpees,
cortar las carnes, picar las verduras
 preparar las milanesas. El palo de
amasar descansa porque te compraste
la pasta linda, pero yo sigo y vos
disfrutás preparando tus comidas.
Pero, sabés, yo soy feliz. Porque después
de tanto sigo siendo tu compañera
en la cocina. Hoy Ramiro trajo
una tabla de Ferro Expreso más moderna
pero yo soy tu preferida.


Ida Muhamed


























Semillas tostadas

Tanto de zapallo como de girasol
las poníamos sobre la plancha
de la cocina y tenía un gusto
distinto. Tanto las de zapallo,
como las de girasol eran caseras
de nuestra propia quinta.


José Mario Malvar














 











Lo que no está en la receta del puré con huevos

Recuerdo que era el tiempo de la veda de carne.
Y a mi algún día se me ocurrió esta receta.
Todavía me parece escuchar a mis hijos
 cuando me pedían que se la hiciera:
Má, dale, hacenos de vuelta esa comida.

Stella Maris Correngia














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