miércoles, 18 de octubre de 2017

Museología para la vida


La museología que no sirva para la vida, no sirve para nada.


Mario De Souza Chagas



Durante la semana pasada, el museo viajó a Córdoba a participar de las Jornadas de Museología Social organizadas por el Encuentro de Educadores de Museos de Córdoba y la Asociación de Trabajadores de Museos.

Durante seis días, un colectivo de trabajadores de espacios culturales diversos del país y de Latinoamérica puso el cuerpo en juego. La escucha de las ponencias, así como las instancias de charlas y debates fueron de la mano del baile, la comida, el sostenimiento de la mirada con el “otro”, las caminatas por distintos territorios.


Los ejes trabajados dentro de la museología social -una museología para la vida según Mario De Souza Chagas- fueron las prácticas vinculadas al trabajo con personas en situaciones de encierro y la perspectiva de género en los relatos de los museos.

Pensar la vida, en un contexto de jornadas de museología, es pensar los modos diversos de ser y estar en el mundo, por eso parece que una definición de museo nunca es definitiva, sino más bien transitoria, que pensar las comunidades siempre abre el debate y las discusiones, y que resulta imprescindible el ejercicio de la reflexión crítica de las propias prácticas, para fundamentalmente no caer en lugares que pareciera que la propia autoridad del museo permite; el de cristalizar situaciones, personas, lugares, épocas u objetos. Todo está en permanente movimiento para lo cual es necesario “repasar” sobre lo hecho.



Re-pasar (¡¿por qué no?!) con uno de los repasadores confeccionados especialmente para el encuentro junto a Ferrowhite y que formaron parte de los espacios de discusión. ¿Cómo un objeto de la vida cotidiana se convierte en una herramienta de la historia? ¿Quiénes la hacen? ¿Quiénes la transforman? ¿Cómo se puede reflexionar sobre la historia, sin cocina, sin comida? ¿Qué lugar ocupan, entonces, los museos ahí?

 




viernes, 13 de octubre de 2017

Encuentro de cocinas al sudoeste




Publicaciones del museo, fotos y  muchas ganas de hablar con otros llevamos el lunes pasado al “Primer encuentro de turismo y gastronomía” en Pigüe, organizado por el Área de Turismo del  municipio de Saavedra. La invitación era para compartir con otros grupos del sudoeste bonaerense las prácticas y preguntas de este museo comunitario con cocina.

Además, participamos de un taller coordinado por el equipo de turismo, que permitió conocer las experiencias de trabajo comunitario y recuperación de recetas que se están llevando adelante hace años en el distrito.

Así supimos de Amicale Pigüé, la asociación de descendientes franceses que movilizó proyectos como la incorporación del idioma francés en las escuelas primarias de la ciudad y que  trabaja también con la recuperación de recetas en conjunto con el INTA.  Esta iniciativa empezó por la difusión del aligot (puré de papas mezclado con nata y un queso llamado Tomme, de la región de Aveyron).

Su potencia está dada no solo por el alcance comunitario y colaborativo que supone (trabajo entre escuelas de distintos niveles, restaurants, grupos de inmigrantes, vecinas y vecinos de la localidad y la región) sino también porque movilizó la valoración de otras comidas que no son necesariamente de origen francés:  empanadas criollas, chacinados que se hacen en los campos de Saavedra, tortillas chilenas, comidas de italianos, españoles y alemanes del volga. ¡Sí! La comida como un campo múltiple de saberes y adaptaciones, de cruces y aprendizajes que se pueden compartir, de eso y muchísimo más hablamos en el encuentro, que seguramente siga con más intercambios… próximamente más novedades.




martes, 10 de octubre de 2017

Un museo donde se lee poesía con la boca llena


El sábado pasado en la Cocina del museo se desarrolló el Primer Encuentro de Lectura Macarrónica. Queríamos compartir con los poetas invitados al 7mo Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca textos producidos en los encuentros de escritura que venimos realizando desde hace unos meses con cocineras, cocineros y otros integrantes de la comunidad de Ing. White.


La consigna era que todos acercaran al museo textos macarrónicos sobre el comer y el cocinar y también comidas bien concretas. Porque se trataba de un mediodía dedicado a leer y almorzar a la vez: en este museo no está mal visto leer con la boca llena.


“Katty” Aponte, vecina del barrio Saladero, trajo una fuente llena de sopa paraguaya que había cocinado, ¡por primera vez en su vida!, recordando la receta de su mamá formoseña; Ida Muhamed trajo kepi; Graciela Disciocia, cocinera de “Las cantinitas”, pizza de anchoas; Francisco Cabeza pollo arrollado; Nora Betencurt tortilla de acelga; José Mario Malvar empanaditas dulces y Delia Schenfeld terkreppel… Por si fuera poco, Stella Maris Giménez, del restaurant Stella Maris, ¡se apareció con una paella gigante! Sí, fue una gran comilona.


Stella Genitti y José María Malvar arrancaron la lectura con el recitado a dos voces de Epopeya (en construcción) de comidas de White, escrita de manera colectiva junto a otros vecinos y vecinas durante el taller. Luego siguieron leyendo whitenses y poetas textos sobre herramientas de cocina, perfume de tucos, la época de veda de carne, recetas de amor, tortas-tortas, naranjas cortadas… 

La poesía llevó a la música: “Pochi” Genovali tomó el micrófono para cantar unos tangos portuarios, Stella Maris Correngia le siguió con sus temas románticos y así se fueron cantando entre todos boleros, valses y más tangos. Pasaron las horas sin darnos cuenta y muchas cosas más, algo imposibles de resumir, intensidades varias como ese instante en que Francisco Cabeza,  cocinero y cantor de las cantinas, y Rosario Bléfari, poeta, cantante y actriz, entonaron juntos una canción que no se escuchaba a viva voz y en ocasión de una comida tal vez hace años y kilómetros a la redonda.











viernes, 6 de octubre de 2017

Macarrónica






Siguen los “Encuentros de escritura macarrónica” que convocan a cocineras, cocineros,  comensales y memoriosos a escribir sobre cubiertos, ollas, saberes y procesos de cocción, platos inolvidables y cocineras que forman parte de la memoria de la comunidad. Los cuadernos macarrónicos van y vienen de las mesas del  museo a las de cada casa, se va sumando el propio relato de una historia de vida escrito con lapicera, listados de colecciones o secretos que no están en una receta convencional.


Encontrarse a escribir en grupo es primero encontrarse a charlar, hacer visibles algunas experiencias en diálogo con otros. Y, de a poco, pensar juntos cómo es posible comunicarlas desde la escritura.

Hace unos días la propuesta fue escribir sobre herramientas de cocina, así que cada participante trajo un objeto fundamental de su mesada. Fundamental por lo útil, por lo querido, por la posibilidad de narrar historias que traía. Repasador, tabla de picar, plato y tapa-botellas circularon de mano y mano.

Al mismo tiempo hablamos de cómo la instancia de la experiencia personal se articulaba con la historia colectiva en ese objeto: aparecían la inmigración de principios de siglo XX, la inmigración interna de las últimas décadas, las transformaciones en el puerto, los cambios económicos resonando en la cocina. O de cómo, por ejemplo, están relacionado los saberes que implica preparar un dulce con dinámicas sociales que podemos historizar.

Pero además tratamos de inventar un poco. Imaginar qué miradas e historias oiríamos si hablara, por ejemplo, un palo de amasar. Qué percepciones nuevas nos despiertan esas herramientas de cocina, qué maneras de contar inventaríamos para hacer hablar al platito de loza que se usó en los inicios de la cantina de Stella Maris en el puerto.

Entre otros textos estamos preparando una “Epopeya (en construcción) de las comidas de White”, escrito colectivamente, cuya primera versión se dará a conocer el próximo domingo en el marco del Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca. Además, otros pequeños textos como los siguientes, que también tenemos ganas de que empiecen a circular:






En mi cocina hay una tabla
y me dice: hace 61 años que llegué
a tu cocina. Tu hermano Esteban me hizo
 en la carpintería de la Junta de Granos,
junto al palo de amasar.
Desde entonces no me has dejado
descansar, siempre en la mesada
preparada para que vos me golpees,
cortar las carnes, picar las verduras
 preparar las milanesas. El palo de
amasar descansa porque te compraste
la pasta linda, pero yo sigo y vos
disfrutás preparando tus comidas.
Pero, sabés, yo soy feliz. Porque después
de tanto sigo siendo tu compañera
en la cocina. Hoy Ramiro trajo
una tabla de Ferro Expreso más moderna
pero yo soy tu preferida.


Ida Muhamed


























Semillas tostadas

Tanto de zapallo como de girasol
las poníamos sobre la plancha
de la cocina y tenía un gusto
distinto. Tanto las de zapallo,
como las de girasol eran caseras
de nuestra propia quinta.


José Mario Malvar














 











Lo que no está en la receta del puré con huevos

Recuerdo que era el tiempo de la veda de carne.
Y a mi algún día se me ocurrió esta receta.
Todavía me parece escuchar a mis hijos
 cuando me pedían que se la hiciera:
Má, dale, hacenos de vuelta esa comida.

Stella Maris Correngia