jueves, 28 de junio de 2018

Minuta de hoy: masitas griegas





Angélica “Chiquita” Julys creció en White junto a sus abuelos griegos, por eso aprendió el idioma y varias recetas helénicas. Hoy, en su cocina de calle Avenente, prepara los “kurambiedes” o “Kurumbieres”, masitas de manteca que cambian de nombre según la isla de Grecia de la que proviene la cocinera que la transmitió. "Chiquita" aprendió esta receta de su “iaia” (abuela) Katherina Pentakis, quien había llegado desde la isla de Xios a Argentina en 1925, movida por la crisis posterior a la guerra greco-turca.

En su casa de White, Katherina tenía siempre un frasco lleno de kurumbieres, otros con higos en almíbar, kinotos, dulce de tomate, de naranjas, bombones “locuña”. Cuando llegaba alguien de visita le ofrecía esos dulces junto a una copa de anís y café turco.

La familia de “Chiquita” está ligada a la Colectividad Helénica de Ing. White, una organización vecinal de inmigrantes griegos y sus descendientes que ya tiene más de 100 años. Este domingo vuelven a la cocina del museo con sus bailes y comidas: quien quiera experimentar con el cuerpo estas historias, busque los Kurumbieres en la mesa, que no van al faltar.

Este domingo en griego!




martes, 19 de junio de 2018

Corazón de golondrina






Rocío Lugones  llegó con la feria que despliega en el patio del museo la Biblioteca Mariano Moreno cada año, en la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino.  Armó su puesto de textiles, objetos y bordados cerca de la lancha Águila Blanca. Ahí mismo contó la relación de sus trabajos con su historia familiar, y esa fue la punta de muchas más historias:







La abuela, Anunziata Mazzella, nos esperaba días después en su casa para contar más: cómo un hilo puede empezar a coser en la Isla de Ponza, cruzar el mar y seguir cosiendo en Ing. White el mismo bordado, aunque nada siga igual.

Hija de Rosario Mazzella y Viaggio Mazzella, “Nunziata” nació en Italia en 1932, más precisamente en Punta Frontone, Isla de Ponza. “Yo soy hija, nieta y bisnieta de pescador ¡tataranieta de pescador!” dice. Y a través de sus recuerdos es posible reconstruir parte de las técnicas artesanales que iniciaron la pesca en Ing. White: lanchas a remo, herramientas construidas a mano, decisiones cotidianas ligadas a las mareas.

Sí, es posible rastrear toda una tradición de redes no sólo literales sino también familiares y vecinales, redes de organización. Modos de trabajar en grupo sobre una embarcación y, muy en particular, de trabajar en tierra: mujeres que cocinan juntas, se cuidan los hijos y se dan fuerza los días de tormenta, traspasando saberes y técnicas desde la infancia: “¡Su!¡ su! (arriba, arriba) Nunzia, que dovemo fare il pane!!” 40 kilos de harina para hacer ese pan, después cocinar con leña en una olla de hierro fundido, con cada carneada preparar el sanguinaccio o dulce de sangre, otro día sentarse a confeccionar el ajuar como capital que se acumula lento.





Vinieron a Argentina porque su papá, sobreviviente de la segunda guerra mundial (gracias a un apendicitis, que lo hizo salir del crucero Bartolomeo Colleoni justo antes de que fuera bombardeado) no esperó a que se confirmen los rumores de una posible tercera guerra y se vino  a Ing. White. Aquí ya estaba sus hermanos, con quienes trabajó años en la pesca hasta lograr que migraran su mujer e hijos en 1950.

Nunziata tenía entonces 18 años y no muchas ganas de dejar su tierra, su casa y sus amigos. Años después se casaría con Aniello Iacono, también poncés y pescador en la lancha Buona María. Los primeros tiempos en Ing. White no fueron fáciles: “Yo lloraba…”, cuenta “…cuando no me salía el castellano”. Lo aprendió escuchando, en silencio, y preguntando después a sus parientes por el significado de las palabras que había memorizado. Relaciona los avances de ese aprendizaje con el trabajo en su negocio, un superkiosco que abrió a fines de la década del ´70 en la parte delantera de la casa. Ese espacio de interacción en la vida pública fue también el ámbito por el que muchas vecinas y vecinos la recuerdan. Como recuerdan también los pastelitos de membrillo que vendía -algunos dicen que eran los más ricos del pueblo- preparados mientras cantaba un stornello.














(Gracias a Rocío Lugones por las fotos)
La historia del puerto de Ing. White está tramada con la de cientos de inmigrantes croatas, su lengua, su trabajo, sus comidas y cantos. Por eso este domingo el Centro Croata de Bahía Blanca prepara una mesa con dobos torta, krem pita y savijaka.  Además, abre el micrófono para cantar canciones, contar historias y recetas que forman parte de su historia en movimiento. ¡Te esperamos!